Tenemos deberes

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TENEMOS DEBERES

Hace unos días, Andreu Buenafuente ironizaba sobre la huelga de deberes que la CEAPA, Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnado, ha promovido en señal de protesta por la cantidad de deberes que sus hijos llevan a casa. Buenafuente, con su peculiar sentido del humor, se preguntaba cómo sería una huelga de padres. Imaginaba entonces a unos niños desconcertados ante la prohibición de sus progenitores de acercarse a sus libros de texto, quedando aquellos a escondidas con los compañeros de clase en los parques y simulando estar de botellón si los padres aparecían inesperadamente. Dejando aparte el matiz humorístico con el que, por otro lado, tanto nos gusta adornar todo a los españoles, el asunto tiene su aquel.
Huelga deberes
Nunca antes se cuestionó tanto el papel del profesorado. Quizás a ello haya contribuido algo el desarrollo de las nuevas tecnologías. Padres que se adentran en el peligroso mundo de las redes sociales con muy distintos propósitos: desde recordarse unos a otros las tareas, horarios y actividades de sus hijos, hasta cuestionar la profesionalidad del profesor porque un padre/madre siempre sabe mucho más, como antaño nuestros padres y madres, solo que estos pocas veces cuestionaban al maestro de escuela. Esa supremacía compartida del saber que favorecen las redes nos hace fuertes, como el gallito de barrio que se envalentona junto a sus compañeros de corral.

Es a partir de ese momento cuando deja de trabajar algo tan importante como es el sentido común. Los deberes cumplen una función de consolidación de conocimientos que difícilmente puede llevarse a cabo en las escuelas, además de desarrollar un hábito de estudio entre los chavales del que se beneficiarán en etapas posteriores de su vida como estudiantes. Claro que debe imperar el sentido común a la hora de proponer estas tareas. Ante una situación de abuso, los padres pueden, por ejemplo, plantear reuniones con los profesores o tutores de sus hijos para exponer la situación y solicitar mayor coordinación entre el equipo docente para crear un calendario de tareas que ayude a sus hijos a organizar las horas de estudio y distribuirlas de una manera coherente. Una huelga, sin embargo, solo pone de manifiesto las diferencias cada vez más insalvables entre la comunidad educativa. Los profesores quedan desautorizados ante los alumnos, hartos de escuchar en casa comentarios negativos sobre aquellos. Afortunadamente esto no sucede siempre y la mayoría de padres son conscientes de la importante labor del docente en las aulas.
Huelga deberes 2
Una huelga debe servir para reivindicar una mejora del sistema educativo. Pero una reivindicación de este tipo también debe ir acompañada del sentido común. Y el sentido común nos debe recordar que nuestros hijos necesitan a sus padres para exigir muchas más cosas: clases con un menor número de alumnos, aulas equipadas con los recursos y materiales suficientes, personal para dar apoyo a aquellos que lo necesiten, una oferta educativa amplia que no deje fuera del sistema a nuestros hijos… En los últimos años las huelgas en educación han ido teniendo muy diferentes protagonistas: unas veces han sido los profesores los que han acudido en masa sin apenas sentir el apoyo de padres y alumnos; en otras ocasiones, los alumnos se han lanzado a las calles sin el respaldo suficiente del resto de la comunidad educativa. Es una pena que ni siquiera en esto logremos una unión fuerte.
Huelga deberes 3El sentido común también debe hacernos ver que en ocasiones los padres cargamos a nuestros hijos con demasiadas tareas extraescolares, que sus horarios a lo largo de la semana se prolongan hasta horas intempestivas y que muchas de esas veces las tareas de la escuela nos molestan porque los niños llegan tarde y cansados a casa y los padres, también agotados, nos vemos tan desbordados como nuestros hijos. Además, existe un sentimiento de culpa porque al final del día somos conscientes de que aquello que sí deberíamos hacer a diario con nuestros hijos como jugar, incitarles a descubrir y aprender, o simplemente leer un cuento, ya no forma parte de su dura jornada.
Al final será el sentido común el que nos dé una solución al problema. Pero mientras que aquel se decida a entrar por la puerta grande, todos tendremos que poner de nuestra parte porque aquí los que salen ganando o perdiendo no son otros que nuestros hijos.

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