Soy mala trabajadora

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mala trabajadora madre y punto redondo

Si, lo reconozco, soy mala trabajadora, no me avergüenzo de reconocerlo; me encanta ser madre y soy muy mala trabajadora.

Os reconozco que muchos días trato de no ser borde con mis clientes a pesar de tener malos pensamientos sobre ellos, reconozco que no siempre tengo ganas de sonreirles ni de cogerles el teléfono un sábado por la tarde, mucho menos, ir a visitarlos, incluso aunque sea día de cobro.

Soy mala trabajadora, porque a pesar de gustarme mi profesión no pensé nunca tener que ejercerla de esta manera, me encantaría poder dedicarme a lo que realmente me gusta y no tener que venderme a lo que “hay”.

Soy mala trabajadora porque; a veces, se me olvidan algunos documentos y tengo que volver al estudio a por ellos perdiendo media mañana, porque copio y pego cosas a modo plantilla aunque sean proyectos diferentes y me molesta tener que redactar normativas y condiciones.

Soy mala trabajadora, porque concilio 100% y eso significa que muchas veces estoy dando de mamar a mi hijo mientras corrijo un plano, escuchando alguna canción de las que le gustan mientras redacto un informe y entreteniéndole para que no chille demasiado mientras hablo por teléfono.

Soy muy mala trabajadora, porque el 90% de las veces que ejerzo estoy pensando en mi hijo y en si se aburre demasiado viendo a su mamá con el móvil todo el día, en sí le gustará de verdad ese juguete nuevo que compré para que se le pasaran las horas viéndome trabajar o si, por el contrario, se entretiene de mero aburrimiento.

Muchos de vosotros estaréis pensando que esto es un suicidio profesional, los habrá que se echarán las manos a la cabeza por tal reconocimiento. Es duro admitir que no soy perfecta o incluso que soy bastante mala…

Sin embargo, no nos escandalizamos si nos consideramos malas madres, nos han acostumbrado a que es mejor ser mala madre que mala empleada, mala runner, mala estilista… La sociedad se ha encargado de hacernos tan “necesarios” los empleos que se nos ha olvidado que además de ser trabajadores somos personas, madres, padres, hijos, esposas, maridos, hermanos, nietos, amigos…pero la sociedad exige y nosotros nos redimimos pensando que es lo que “tenemos” que hacer. La sociedad exige cuerpos esbeltos, no nos engañemos, son preciosos, todas querríamos uno, pero la sociedad es la culpable de la exigencia, del sentimiento de culpa que siempre nos acecha. Ella elige que llevemos ropa de moda, que nos pintemos, que nos arreglemos, que salgamos, que gastemos y nosotros, simplemente, nos redimimos.

Pues esta Madre y Punto Redondo se niega a ser mala, ni buena madre; desde el mismo día en que parí me ronda el adjetivo en cada decisión que tomo, en cada situación con mi bebé; sin embargo nadie me cuestiona en todo lo demás porque siempre dejamos de lado lo importante para dedicarnos a lo demás. ¿Cuánto vamos a ceder de nuestras vidas?, ¿cuánto a delegar a extraños?, ¿cuánto vamos a tardar en darnos cuenta de que la maternidad es preciosa y no un estorbo?, ¿que el estorbo es todo lo demás?.

No dejemos que nos pongan adjetivos, somos lo mejor para nuestros hijos, somos sus Madres y Punto Redondo. No luchemos por ser los mejores profesionales, los mejores runner ni los mejores estilistas. Dejemos que los adjetivos recaigan sobre todo lo demás.

Yo hoy me confieso a mis lectores.

Soy muy mala trabajadora, pero como madre, sólo soy Madre y Punto Redondo.

 

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