Queridos Reyes Magos

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El espíritu de la Navidad ya se ha acabado, el 8 de enero me recuerda aquellos días fríos de la infancia más tristes que de normal, cuando el madrugón dolía notablemente más que otros días y elegías algo de lo que te habían traído los reyes para poder llevarlo al cole, debías ser listo y llevar algo que ocupara poco pero que enseñara mucho de lo maravilloso que había sido tu regalo, algo que los demás no tuvieran y que todos hubieran querido recibir en su casa, tenía que ser lo más original y a la vez lo más visto en la tele. Recuerdo aquellos anuncios de juguetes en los que debajo, en letra pequeña, ponía, este juguete vale mas de 5000 pesetas. Aún recuerdo cuando al hacer la carta ponía estos juguetes los primeros sin pensar un instante en si los reyes tenían cartilla del banco, ¡qué inocencia! ¿Para que querían los niños saber el precio de un juguete que iban a subvencionar sus majestades de Oriente?

La noche de reyes recuerdo una cabalgata humilde en mi barrio, recuerdo pocas carrozas con gente muy amable que te daba caramelos de forma civilizada, recuerdo a mi hermano mayor, enorme y más aún a mi lado, coger muchos para mi, aunque sólo cogiamos lo que nos cabía en un bolsillo, mis padres nunca me enseñaron a ser avariciosa.

Recuerdo ver las carrozas de los reyes y sentir ese miedo/ilusión que provocan, sentir que te saludan y pensar que eres un niño especial, recuerdo terminar la cabalgata y desear cerrar los ojos y quedarme dormida para que ya fuera mañana.

Al día siguiente la canción de “había una vez un circo” nos despertaba sobresaltados y salíamos disparados hacia el salón que los reyes, sabiendo más que lepe, habían cerrado para evitar visitas inesperadas, y tocaba esperar…no se podía entrar hasta que no estuviéramos todos en el pasillo. Yo siempre tenía preferencia, en aquel momento no me preguntaba por qué, claro, ¡los demás ya lo sabían! Así que corría la primera por el salón, flipando, una vez más, con el acierto de estos personajes que venían desde tan lejos, qué bien me conocían….

Pasaron los años y el tiempo borra la inocencia y te lleva al consumismo, a la idea adolescente de tener muchos y buenos, pero esta etapa también pasa y llega la de la nostalgia, la del recuerdo de aquellos días de la niñez en los que te hacía ilusión creer, retomas algunas tradiciones que habías dejado atrás, como la canción de los payasos, incluso revives el espíritu con algún sobrino, pero nada, nada, como cuando tienes un hijo.

Entonces, todo se multiplica, se engrandece y te das cuenta de por qué, aún con tanto ateísmo generalizado los reyes magos aún “existen” y es que ser un paje, digo….un padre, es aún mejor que ser un niño, esas caras de ilusión, esas sonrisas, eso es impagable. Mi bebe de 11 meses se hizo su foto con sus majestades aqui, en el pueblo, unos jovencísimos reyes magos que muy amables, acabada la cabalgata, posaron juntos con mi pequeño para que esta madre y punto redondo tuviera un recuerdo de un primer año de ilusión. La mañana siguiente un niño sin conocimiento aún de lo que significa duerme hasta tarde, yo, despierta desde las 7, muevo la pierna nerviosa, como antaño, ¿cuando se despertará? Ojos abiertos y abajo corriendo y aún en su ignorancia la cara de sorpresa e ilusión más bonita del mundo te recompensa el esmero al colocar los juguetes, luces, sonidos, todo un universo entero por descubrir para una mente inquieta.

Sin duda, tras la sonrisa y nerviosismo de un bebe atónito por el tesoro recibido, unos pajes reales que vuelven a ser otra vez niños para revivir el espíritu que un día perdieron, el que estaba mucho antes del consumismo, más allá de la religión, ¡el auténtico espíritu de la Navidad!

2 COMENTARIOS

  1. Qué requetebonito!!! Así es, ni más ni menos. Añorando cada año mi felicidad de cuando era niña e intentando que mis niñas tengan ese mismo recuerdo dulce. Muchos besos.

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