¿Qué come mi niño?

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comida preparada madre y punto redondo

¿Cuántas veces nos hemos preguntado, qué come mi niño? Pues aunque seguro que muchos penséis que lo sabemos, lo triste es que en la mayoría de los casos no tenemos ni idea; no, no, la verdad es que ni idea. Por que, seamos sinceros, ¿cuántos de vosotros leéis todos los ingredientes de los productos que compráis en el súper? Rara vez, en serio, no mintáis! Jeje

Ahora fuera de bromas, puede que algunos de vosotros si lo hagáis, las generalizaciones son odiosas, pero es verdad que últimamente delegamos demasiado la alimentación de nuestros hijos a las cadenas de producción, sin pensar en las consecuencias que esto puede tener.

Mi pediatra me dio unas instrucciones muy claras cuando empezamos la alimentación complementaria, sobre las fechas en las que debíamos introducir los alimentos y las cosas prohibidas. Dos de esas cosas relativamente prohibidas hasta los dos años son el azúcar y la sal. Es cierto que a partir del año nos permitimos algunos excesos, pero casi siempre con productos caseros o con productos made in spain, véase el jamón serrano rico en sal, pero, no a diario.

Sin embargo, cada día me doy cuenta de la trampa constante, se ve por todas partes, la hay para adultos, pero tristemente, sobre todo, la hay para niños y la hay disfrazada de “rico en calcio y hierro” o “con vitaminas para que acaben el día con energía” o “equivale a dos vasos de leche”; estas son algunas de las propagandas de esos productos tan “beneficiosos” para nuestros hijos, pero sin embargo no lo son.

Esto pasa desde el principio, si, si, desde la leche de continuación, por no hablar de la leche de inicio, que aún siendo prohibida su publicidad está en la primera línea de estantes de cualquier farmacia y casi siempre con frases como, “lo mejor para tu bebé” y en letra pequeña un “la OMS recomienda la lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses y complemntada hasta los 2 años o hasta que madre e hijo quieran”, ahí, en pequeñito, obligado por la ley.

Pero el verdadero negocio viene después, con la alimentación complementaria, en el paraíso de los cereales, multicereales y 8 cereales con miel, donde muy pocos se paran a pensar…se compra y se añade a esa leche tan “beneficiosa” en polvo para complementar; sin pensar que el arroz, el maíz o el pan también son cereales que puedes darle a tu hijo sin necesidad de comprar nada exclusivo.

Y, como dicen por estos lares, “más alante hay más”, porque después aparecen los yogures sobrevitaminados, de esos que aseguran debes dar de dos en dos, los zumos súper naturales, con aromas y edulcorantes, las galletas con extra de hierro y de azúcar, aunque ese no lo anuncian.

Recuerdo que cuando era pequeña mi madre tenía un menú semanal, los lunes, para mi beneficio, porque me encantaban, se hacían macarrones con tomate, los martes albondigas, los miércoles lentejas…de desayuno había un vaso de leche y un par de tostadas y de merienda un bocadillo de chorizo. Día de fiesta era aquel en el que te daban para comerte un bollo y no digamos, para beber un refresco, que por aquellos tiempos eran unos polvos de naranja que se mezclaban en un litro de agua y que mi madre llamaba “potingue”.

Me paro a pensar en qué nos ha cambiado para dejarnos llevar de esta manera por la industria que sólo nos pervierte proliferando la obesidad infantil, las caries y los malos hábitos alimenticios. Bebés obesos que, irónicamente, se convertirán en anorexicos adolescentes, porque así es el sistema.

Practiquemos un buen uso, leamos las etiquetas, respetemos los tiempos de introducción y hagamos por encontrar un hueco para preocuparnos de la alimentación de nuestros hijos, en serio, una manzana también es merienda, un yogur natural sin azúcar también lo es y la leche se puede beber sin añadidos de cacao ni galletas azucaradas.

Pensemos que somos lo que comemos y preguntémonos más a menudo, ¿qué come nuestro hijo?

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