¿Qué necesitan saber nuestros hijos?

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Las necesidades de nuestros hijos, ¿qué es lo que en realidad necesitan? es la pregunta con la que Charo comenzó su conversación conmigo la pasada semana. Ante semejante cuestión, mi cabeza empezó a buscar respuestas rápidamente, pero pronto, me di cuenta que no las encontraba, que las tenía mecanizadas y que casi todas ellas eran materiales, algo así como “una casa, comida, ropa…”

Pero nada más lejos de la realidad que Charo pretendía mostrarme y es que su intención no era que respondiera, era que me lo preguntara, que me fuera a casa y meditara, que me planteara la cuestión en la soledad y la rutina del día a día; aunque, evidentemente, el café duró más que la simple pregunta y dio mucho de sí, como de costumbre.

En la sociedad actual en la que vivimos nos llenan la cabeza de necesidades absurdas, tan absurdas como todas aquellas compras que hice yo antes de dar a luz y que ya os conté en uno de mis vídeos. Necesidades del tipo de las cunas y juguetes, de los sillones y cojines de lactancia, pero también crean en nosotros necesidad de inculcar conceptos y valores; unos conceptos y valores estipulados, mecanizados y creados para satisfacer a una sociedad que se aleja cada vez más de lo natural, de lo básico y lo sencillo.

Si pienso en Abraham, que en la actualidad tiene 15 meses y medio, creo que su necesidad no excede nada más allá de “amor”, amor de sus padres, porque sentirse querido le crea esa seguridad suficiente para explorar el mundo a su alrededor y eso le dará los conocimientos necesarios para enfrentarse con el día a día según su evolución motriz. No creo que haya nada más allá del amor que sea imprescindible para Abraham o, por lo menos, no inmediatamente, porque, evidentemente, las necesidades cambian con el tiempo.

Hacerme ahora a la idea de qué puede necesitar mi niño según avance el tiempo me resulta complicado, pero supongo, que entre otras cosas, mi niño necesitará conocer un ambiente familiar, donde cada miembro desarrolle sus roles, propiciándole así una base profunda y consistente. Y después…después la vida, la vida le enseñará a preguntarse por los qués y los cómos, a tener curiosidad por investigar y conocer el mundo, como lo hace ahora y es que hay un montón de contenido aprendido que de nada sirve si no nos enseñan los por qués, los cuándos y las consecuencias.

Me pasé toda mi carrera de filosofía contestando a la pregunta, ¿para qué sirve?, la gente no sabe para qué sirve la filosofía porque sencillamente, hace tiempo que dejaron de enseñarles que la pregunta es siempre el método, que el razonamiento es siempre la respuesta y que sin filosofía, sin cuestiones y razones, no habría mundo o al menos no como el que ahora tenemos. La mayor parte de los “inventos” o hallazgos en la historia de la humanidad respondían a cuestiones tan básicas como ¿por qué?, simplemente, ¿por qué pasa esto? ¿por qué sale el sol cada mañana?, ¿por qué las cosas se caen?, ¿por qué flotamos?. Sin embargo, hay una desconcienciación de la sociedad sobre los por qués que nos llevan a querer que nuestros hijos sólo memoricen contenidos, respuestas, fechas, nombres, sin dejarles apenas tiempo para investigar, para comprender y razonar.

La sociedad crea normas y planes de estudios que nosotros contemplamos y asimilamos convirtiéndonos en víctimas en rediles que observan esperanzadas sin sentir que el futuro no depende de nadie más que de nosotros mismos, sin embargo, eso no nos lo han enseñado. Llegamos incluso a participar en los colegios de nuestros hijos, hacernos miembros del AMPA, de los consejos escolares, pero no nos involucramos en los planes de estudios de nuestros hijos, en los métodos y en los medios.

Por supuesto, la culpa de todo esto es de TODOS, cada uno con su responsabilidad, pero deberíamos preguntarnos cuál es nuestro rol, ese que enseñamos a nuestro hijo con tanto esmero cuando de bebé le señalamos y decimos “mamá”, y ejercerlo, por que una mamá y un papá pueden hacer muchas cosas para educar a su hijo, que de profesionalizarlo, ya se encargan en las universidades. No parece que seamos conscientes de que la mayor parte del contenido que nuestros hijos aprenden es debido a la imitación de lo que ven en nosotros. Si esto nos crea dudas pensemos en las primeras palabras que aprenden, en el caso de mi hijo, “agua”, “pan”, “mamá” y “papá” y… “¿dónde está?” por que esta madre descabezada siempre anda buscando sus llaves, su cartera o la chaqueta del pequeño, pero mi hijo, no sólo lo dice, es que además se afana en encontrarlo, mirando por las sillas y mesas, buscando hasta debajo del sofá. Somos el espejo en el que ellos se miran constantemente y como bien dice Charo, para que se vean reflejados o nos agachamos o los cogemos en brazos, pero debemos estar a la misma altura, en la misma onda. Que nuestros hijos vean su crianza natural como el medio hará que consideren que ésta es la mejor forma, que vean a una madre conciliar creará conciliadores, pero si nos resistimos a agacharnos y dejamos que sea la sociedad, los colegios, los que lo hagan por nosotros, tendremos por hijos una pieza más de este engranaje que de momento funciona, pero poco sostenible en el tiempo, porque seamos realistas, si enseñamos a nuestro hijos a preguntarse ¿por qué?, tal vez, algún día, ellos nos sorprendan contándonos los cómos.

 

2 COMENTARIOS

  1. De entrada me encantan tus reflexiones aunque no siempre este de acuerdo contigo.
    Todos los padres quieren lo mejor para sus hijos y cada uno lo intenta a su manera, siempre recordando su infancia y su adolescencia y el recorrido de su vida, vida que algunas veces no les gusta demasiado y por eso intenta llevar a sus hijos por otros caminos, pero hasta que un hijo no llega a los 20 años no sabes si conseguiste tus /sus objetivos. No sabes ni siquiera si le has educado bien o mal… porque lo que hoy; en el.momento adtual hay unas necesidades y unas costumbres educacionales y culturales y dentro de 29 años todo será diferente, pero ya no hay remedio el.mal o el.buen ya están hechos. Tus hijos ya son adultos, las influencias uas familiares se quedan atrás para dejar paso a las de los amigos, escritores, informadores y películas en fin a una sociedad que nada tiene que ver con lo que tus padres vivieron y por supuesto con lo que te enseñaron y con lo que creían iba a hacerte bien en el futuro.
    Las cosas cambian cada vez más deprisa y no todo el.mundo tiene la capacidad de ir a la misma velocidad.
    De todas formas creo haber entendido tus preocupaciones pero tengo una pregunta para ti ¿ no crees que todos los padres creen que hacen lo mejor?.
    En fin ne encanta leerte como escucharte tengo que reconocer que pese a tu juventud eres una persona responsable sable.
    Como ya te he dicho leo todo cuanto escribes y lo hago porque me gusta leerte, porque me gusta cuanto escribes y como lo escribes.
    Yo llego tarde a tus consejos pues mis hijos ya están muy crecidos y no me necesitan, al menos no tanto como tu pequeño a ti.
    Un saludo.

    • Hola Celia,
      muchas gracias por leernos y por comentar, siempre se aprende mucho de las opiniones de los lectores.
      A tu pregunta te respondo, “por supuesto”, cada madre y padre hace lo que cree que es mejor y en madre y punto redondo esa es una de las normas, no juzgar, porque cada padre hace lo que entiende será mejor para el futuro de sus hijos.
      Pero en este artículo he querido reseñar el intrusismo por parte de los gobiernos en la enseñanza de nuestros pequeños, el constante trabajo que la sociedad hace para que los padres de hoy necesitemos cosas para nuestros hijos que en realidad no son necesarias.
      Estoy segura de que tú hiciste lo mejor que pudiste tu trabajo, por supuesto, nuestros hijos son personas adultas algún día y toman sus propios caminos.
      Muchas gracias una vez más.
      Un besazo

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