Mamá en Navidad 

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Primer asalto superado y vamos camino del segundo, la nochevieja!

En mi casa la Navidad siempre ha sido un enlace entre fiesta y fiesta con cumpleaños entre medias, e incluso con cumpleaños en días de fiesta, mi pobre padre nació el día de reyes y eso limita sus regalos y agranda nuestro espíritu navideño, jeje

Este año, por supuesto, es especial porque una mini persona nos acompaña en cada evento y también, en cada preparativo, con todo lo que eso dificulta.

Así, cortilandia, como no, como buena madrileña mi hijo no podía faltar al lugar donde tantas veces soñé de pequeña, el lugar que nunca dejó de gustarme parar a mirar, aún recuerdo cuando hace unos años paseaba sola en busca de regalos y tuve que pararme a verlo, me encanta! Siempre! Como el cola cao que nunca he dejado de desayunar o la nocilla que arraso de vez en cuando, ¿porque hay cosas que limitamos a los niños? A mi me encantan!

De hecho, la Navidad me parece de esos momentos del año en los que los adultos nos podemos convertir libremente en niños, inventar historias y duendes que vigilan para chivarse a los reyes de lo buenos que somos, cantar villancicos a grito pelado, comer dulces sin pensar en el daño colateral y reír, reír en familia, que es lo que mas le gusta a un niño!

Así que Cortilandia es solo el pistoletazo de salida de una Navidad con niño en casa, la primera, la ansiada. Mi “bebe” tiene 11 meses dentro de unos días y,  por mucho que yo quiera, él aún, no se entera de nada. Nuestra mayor ilusión es, cuando al mirar las luces del belén dice… “Oooohhhh”  pero nosotros no perdemos la fe en la idea de que esto es solo el principio y en algún lugar de su mente, aunque nunca lo recuerde, dejará huella una primera Navidad de ilusiones y sueños cumplidos, por ver en sus ojos lo que un día fuimos, niños.

Es cierto que para alguien como yo, con afición a la cocina, la Navidad presenta, además, retos culinarios para impresionar a suegras, cuñadas, hermanas y, por qué no, madres. Y en este punto, mi retoño hace que apenas pueda cumplir mis labores de ama de casa, entre siestas y mientras hierven las verduras te hago una mousse, te preparo una masa de roscón y un par de canapés, eso si, por la noche me rompo en la cama como si fuera de porcelana y me recompongo en cada toma nocturna, con ojos de mapache y músculos de trapo, que a este paso llego al día de año nuevo arrastrándome por la escalera….

Muchas son las cosas que pasan en navidad, sin que nos demos cuenta, reuniones familiares que debemos aprender a disfrutar, porque no siempre estaremos los mismos, cierre de un año con las emociones que implica e inicio de uno nuevo con mil sueños que realizar, con mil momentos que vivir con nuestros peques, un montón de logros por delante, de metas, de iniciativas que no debemos olvidar en febrero y, como no, unos reyes magos que llegan cargaditos de juguetes para ayudar a incentivar motricidades, agudizar reflejos y mejorar lenguajes. Magia, si, magia por unas semanas.

Disfrutémosla, porque ahora tenemos razones para no reprimir lo que en realidad nos gustaría ser, niños, con ilusiones, inocencia, un mundo lleno juegos y de cariño, el resto del año volveremos a ser esos “adultos” tan sociales y políticamente correctos, pero ahora, por unas semanas, volvamos a ser niños!

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