¿Qué le pasa a Samanta Villar?

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Ayer no tuve más remedio que ver el programa en el que entrevistaban a Samanta Villar, está mujer que lleva años dando qué hablar por su peridismo en modo real y últimamente, por su opinión de la maternidad.

Samanta ha sido madre por inseminación artificial de mellizos, hace un año y medio. No, no es un cotilleo, lo contó todo ella misma en un reportaje que se titulaba “9 meses con Samanta”; debo reconocer que cuando vi el reportaje me decepcionó no ver el postparto porque me parecía que había caído en la visión normalizada de la maternidad que tanto me aburre.

Sin embargo, resultó reservarse lo demás para un libro y algún reportaje más detallado y entonces, el mundo se horrorizó al oír a Samanta decir que ser madre disminuye la calidad de vida o que la maternidad no te da la felicidad.

Para los nuevos lectores, aviso, esta página surgió partiendo de la misma base que Samanta, asi que, leed sin prejuicios o no vais a entender nada.

¿Qué es lo que le pasa a Samanta Villar y a todas las que pensamos como ella?

Partamos de una premisa indudable e irrefutable: nuestros hijos son lo que más queremos en este mundo. Y ahora, podemos desarrollar nuestro argumento desde la lógica más purista del señor Wittgenstein, sin caer en la trampa de negar la máxima; amamos a nuestros hijos.

Bien, ¿entonces?, asumo que Samanta y yo estamos en una generación similar, esa de las mujeres que crecimos pensando que podríamos serlo todo, todo lo que quisiéramos. Igualdad, lo llamaban. En nuestra mente estaba el “de mayor quiero ser…médico, enfermera, arquitecto, profesora…” Nadie decía “madre”, en nuestra educación era secundario; lo prioritario era formarse y crecer soñando con una vida profesional llena de éxitos y cumbres. No digo que este tipo de madres seamos obligatoriamente licenciadas; pero si, libres e iguales que los hombres en cuestiones de formación y profesión.

Pero un día, la maternidad llama a nuestra puerta. Y como partimos de la base de que amamos a nuestros hijos se sobre entiende que son hijos deseados, algunos hasta con embarazos pagados a grandes precios en clínicas de inseminacion privadas. Y, de pronto, tras la búsqueda, llega un embarazo que te da de morros con la realidad, con la sintomatología, los miedos, las incomodidades y las espectativas, las malditas espectativas.

Lo que viene después es lo mismo para todas; independientemente de que haya bebés que reclamen más que otros. Las que somos diferentes somos nosotras. El término maternidad no habla de ellos, habla de nosotras con ellos, nuestros hijos, y nuestras perspectivas son diferentes porque no todas somos iguales.

Como ejemplo puedo decir que para mí abuela la calidad de vida en su estrenada maternidad era poder alimentar a sus hijos a pesar de ser viuda, trabajar todo el día fuera de casa y curarles los sabañones como podía al pasar el día en un puesto a la intemperie. Para mí, calidad de vida es hacer mis necesidades cuando las tengo, véase comer cuando tengo hambre, beber cuando tengo sed, orinar cuando me hago pis o dormir cuando tengo sueño. Por supuesto, trabajar en igualdad de condiciones económicas que antes y mantener mi salud física y psíquica. Y esto es lo que nos quitan los bebés los primeros años de vida, dormir, comer sentadas y a horas normales…

La maternidad pasa por muchas fases y cada una elegimos un método de crianza que no exige lo mismo; no, no exige lo mismo la lactancia materna que el biberón, la crianza en apego que Estivill, la guardería o la crianza en casa…y estás son cosas que una no puede saber ni decidir antes de ser madre, por la sencilla razón de que hay un factor fundamental y es la primera premisa, amamos a nuestros hijos, pero ese amor es el que sólo podrás conocer cuando lo experimentes y será ahí cuando sepas lo que realmente supone ser madre para ti.

La sociedad es nuestro gran problema, decía Plauto, al que pocos conocen, que “el hombre es un lobo para el hombre” expresión que popularizó Hobbes y así sigue siendo. La sociedad es la que nos come vivas, nos exige y nos promete un ideal que no existe y nos cuenta una verdad a medias porque necesita engañarnos para que sigamos procreando; hemos creado un mundo en el que nuestras necesidades cubiertas y nuestros sueños por cumplir hacen que la maternidad sea un “complemento” y no una necesidad y es ahí donde radica el problema.

Cuando Risto Mejide cae en la demagogia de decirle a Samanta “¿y lo que compensa?” me crispa los nervios. Es como si ante la queja de las mujeres por la brecha salarial con respecto a los hombres alguien nos dijera ¿y lo que compensa?…no tiene que compensar, tiene que ser igual!! Tiene que ser maravilloso en sí mismo, sin trucos, sin vueltas, sin engaños. El coste que tiene la maternidad para las mujeres de mi generación es brutal y diferente al de los hombres; discúlpennos por querer seguir siendo profesionales a pesar de estar mirando el móvil cada 5 minutos por si algo pasó en nuestra ausencia, no llevar el rímel perfecto o tener ojeras indomables. Perdónennos por querer gritar al mundo que esto tiene que cambiar porque ser madre es una necesidad social que se debe potenciar con políticas sociales, con igualdad real, pero sobre todo, con sinceridad y sin juicios.

Y ahora te digo, si estás pensando en ser madre, te advierto, da igual todo lo que leas, sólo quédate con la premisa, amarás a tu hijo por encima de todas las cosas; lo demás serás tú la única que lo experimente, a tu manera, sin filtros, sin engaños.

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Directora de Elena Collado Licenciada en Filosofía y Arquitecto Técnico

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