La vuelta a casa

0
294
post-2-madre-y-punto-redondo

Nos dieron el alta un domingo. Corría un aire del demonio, alguna de esas ciclogénesis explosivas de ahora; vestí y arropé a mi pequeño todo lo que pude y andando a pasos cortos, lo que daba de sí la costura, me desplacé por aquellos pasillos interminables hasta llegar al coche.

El viaje fue un tormento, tumbada de costado, estampada contra el maxi cosi, porque los baches me mortificaban, así 60 km, la mitad de ellos por carreteras secundarias, glorietas, badenes…

¿Y aquella era mi casa? No la veía igual, era diferente, olía diferente.

En muchas ocasiones me había imaginado los primeros días, aunque siempre pensaba en cómo sería realmente, pues la llegada de momento se presentaba como una mierda. En el sofá no estaba bien, en la silla tampoco, tumbada me costaba cambiar de posición y levantarme y sentarme era horrible.

Si a todo esto le añades que el nene se dormía en brazos, teta en boca, y había que levantarse con él en vilo para acostarlo, la maniobra era imposible.

Mi marido me trajo agua, sólo sentía sed, comida; aunque no tenía apetito, y su compañía. Aunque por poco tiempo.

Cuando uno piensa en tener hijos, cuando se tiene claro que quieres formar una familia, no piensas que la sociedad te lo vaya a poner tan difícil. Si trabajas para una empresa ha empezado la cuenta atrás, te quedan 16 semanas para sacar a ese bebé adelante o, al menos, para tratar de que sea un poco más fuerte para llevarlo a una guarde cuando tu no estés, cuando la sociedad te obligue a volver a trabajar. Pensaréis que trabajas si quieres, pero las obligaciones financieras mandan, así que desengañaos, trabajas por que te obliga la sociedad. Tu marido tiene 15 días, 15. 15 para ayudarte a recuperarte del parto, para tramitar los papeles del bebé, para ayudarte con el recién nacido, 15.

Pero esto señores, es el mejor de los casos, porque si tu marido y tú trabajáis por vuestra cuenta no hay días, ni horas, ni minutos, ni segundos. En el paritorio mi marido contestaba a llamadas de su empresa, wass y pensaba en organizarlo todo para la siguiente semana en la que estaría sólo sacando su trabajo adelante, cuidando de mi y del bebé.

Así que, llegué un domingo, un domingo frío de febrero, menos de 24 horas para prepararme, menos de 24 horas para quedarme sola.

Amaneció el lunes, sin dormir, con dolores, sin hambre, con un bebé que lloraba incansablemente, con escozor en mis pechos.

Mi marido preparó todo lo que pudo, agua, mantas, cojines, estaba cerca trabajando, pero cuando la puerta de la calle se cerró sentí que me quedaba sola, muy sola.

NO HAY COMENTARIOS PUBLICADOS

DEJAR UN COMENTARIO