La mujer que soy

6
529

Hoy os presento a la mujer que soy y que conocí cuando hace algún tiempo Charo vino a casa para retomar nuestros cafés, nunca podré agradecerle lo suficiente su labor conmigo, ya no como madre lactante, como persona. Durante algún tiempo me invadió esa sensación de que ella traía luz a mis pensamientos oscuros y ocultos, iluminando todo aquello que yo, por mí misma no era capaz de ver, una idea muy platónica, pero qué le voy a hacer, no puedo evitar que la filosofía siga apoderándose de mí, a veces.
Después de las últimas charlas me he dado cuenta de que Charo es todavía mejor para mí que esa especie de “iluminadora” y, de rebote, yo soy más que una sombra sin ideas absolutas; ella es la portadora de un enorme espejo que, en ocasiones, necesito me pongan delante para mostrarme la mujer que en realidad soy, no la que los demás ven, no; a esa no la necesito para nada, necesito a la que de verdad soy yo, para darme cuenta de cuál es mi camino y no dejarme simplemente llevar por la sociedad, como una más.
Hace poco tuve una visita rutinaria a…bueno, mejor no decimos profesiones, secreto de confidente, que “se dice el pecado, pero no el pecador”. Así que, lo dejamos en que vi a un…viejo conocido con el cual vengo coincidiendo una vez al mes desde hace 14 años, más o menos. Creo que ambos nos hemos admirado mutuamente por nuestros logros académicos; durante mucho tiempo perseguimos unas mismas metas, tal vez, puede que no, pero creo que él si lo pensaba. Es un hombre con éxito en su profesión, con una carrera increíble que ha llegado tremendamente lejos desde muy joven.
Para los que sólo me conocéis en mi faceta de madre no sabéis que yo era así, siento desilusionaros, lo era. Tenía una vida llena de estudios, de pretensiones académicas y laborales y de bastantes logros, sí, también para lo joven que era.
Pero, nuestras vidas tan paralelas por algún tiempo, se distanciaron; antes no sabía muy bien en qué punto, pero ahora sé que en el mismo momento en el que decidí ser madre.
En uno de nuestros encuentros, que coincidió con un momento de inflexión en mi vida, con un momento de toma de decisiones laborales, en el que la presión me hacía embarcarme en más de lo que podía; me contó su opinión acerca de mi manera de ver la maternidad y como ésta me estaba destruyendo. Sí, habéis leído bien, frases como “tienes que empezar a pensar en ti” o “ya has hecho bastante” fueron algunas de las perlas que salieron de sus reflexiones sobre mi actual vida. Para pasar, después a una parte más agresiva, en la que dijo cosas como “yo nunca dejaría que mi pareja abandonara su trabajo para criar a nuestros hijos” (aunque no tiene) o “tienes que acostumbrar a tu bebé a estar sin ti”.
Debo decir, que tan locuaz en muchas ocasiones, me vi sumida en un dolor profundo e intenso en la boca del estómago, no podía hablar, sólo podía contener el llanto, aunque alguna lágrima se escapó sin ser vista, que soy demasiado digna para dejarme vencer tan fácilmente.
Salí de allí perdida, hacia un coche aparcado en zona verde y fuera de hora, que por suerte, no fue multado y cuando entré cerré las puertas como si alguien me persiguiera, pero ya estaba en lugar seguro y allí fue donde los sollozos y las lágrimas salieron sin control. Tuve que coger aire para llamar a mi marido y que no se asustara al escucharme, en realidad no me pasaba nada, aunque a la vez me pasaba todo.
Tuve la enorme suerte de tener uno de esos cafés con Charo unos días después. Mi marido había calmado mucho mis malos pensamientos, pero necesitamos el maldito espejo, para vernos y aceptarnos y no todo el mundo sabe ponerlo ante nuestros ojos, pues es necesario mostrar y no juzgar; es necesario entender que en ese espejo yo veré cosas que los demás no ven, porque es un espejo que va más allá del aspecto exterior.
Así, en ese espejo que es cada conversación con ella pude ver la mujer que soy, sin tapujos, sin opiniones.
La que suscribe es una mujer que fue educada desde pequeña con nenucos y carritos de bebé, jugando a ser mamá, a dar papillas y biberones para pasar después a cambiar los juegos por los libros e intentar convertirme en una mujer trabajadora, dos carreras, un máster, dos idiomas y trabajo, la vida era aquello que yo, simplemente, decidía que fuera. Cada día lleno de actividad profesional, con muchas relaciones sociales, viajes, deporte y poco tiempo libre por llenarlo siempre de más formación y estudios. Pero esa mujer un día decidió tener un hijo, llámenlo instinto, llámenlo corriente…quise tener un hijo. La vida me había enseñado, después de 5 sobrinos y muchas amigas con hijos, que se podía, que de hecho, era lo normal. Así que, después de alguna desilusión, aborto y un embarazo pesado (ahora pienso, ¿Cuál no lo es?) llegó Abraham, a los brazos de una mujer que no tenía ni idea de lo que ahora era la vida y es que hay algo que nadie puede contarte sobre la maternidad; los sentimientos. Por lo que, me encontré con una “yo” que ahora no quería trabajar, sino criar, una “yo” que estaba encantada con ser lactante y no se preocupaba de tiempos ni de destetes, con una que necesitaba estar a pleno con su hijo relegando todo lo demás y luchar contra eso, es imposible.
Querer seguir siendo la que era es sencillamente, absurdo, así que luché, durante mucho tiempo, he luchado por mantener los dos “yoes” y ¿sabéis que pasó?, que me cansé; que ser las dos es, para mí, agotador y una imposición social que no voy a permitir en mi vida. Hay trabajos que son compatibles, el mío no lo es y me empeñé en que lo fuera, quedándome con lo que menos me gustaba, con una labor administrativa, de oficina, mermada a informes y ordenador sólo por decir que seguía siendo la que no era.
Pero no, el espejo me enseñó que mi perspectiva ha cambiado, ahora trabajo en fabricar una persona que cada día aprende una palabra, un gesto, un comportamiento; mi máster ahora es “la lactancia”, mi doctorado, “la evolución de la dentadura infantil y el comportamiento ante el dolor” y mi tesis, “cómo aliviar el estreñimiento infantil”; y en mi tiempo libre, sigo haciendo informes, trabajos administrativos y de oficina.
No creo tener la solución, el problema de nuestra sociedad es que nos estamos encerrando en juzgar en vez de en protestar, nos encerramos en etiquetar a las madres, en vez de mirarnos en el espejo y tomar nuestro camino, ninguno es la verdad absoluta, cada una tiene su verdad.
Esta es la mujer que soy, la que un día fue más la que cada día se hace, a su manera. Porque la maternidad tiene sus fases, mi profesión también; sin frustraciones porque es sólo mi decisión.
Ojalá todas las mujeres tengan a una Charo que les muestre su reflejo, encontrarte es el primer paso para aceptarte y vivir una maternidad sin etiquetas.

6 COMENTARIOS

  1. He leído tu comentario….y la verdad que no me ha dejado indiferente. Aunque no soy muy dada a contestar en este tipo de redes, me he encontrado con ganas y/o he sentido la necesidad.

  2. Por cercanía en tu profesión y por madre, créeme que te entiendo. Yo hace aproximadamente 4 años…bueno algo más…desde que por mi tripilla ya tenía ciertos problemas para con algunas actividades propias de mi profesión.
    Sé lo que es después de una dedicación plena a la preparación profesional bastante larga…y no sé si tan agradecida! hacer un paron para dedicarte a un pequeño y con todo lo que él arrastra. Lactancia…bueno, en mis casos más bien problemas con la lactancias!…., fiebres, mocos, comidas. ?..y demás historias.
    Pero lo que sí puedo decir que mi peque ha cambiado mi perspectiva… Y lo mejor es mi segundo peque que ha afianzado mucho más la visión de mi perspectiva.
    Profesionalmente he aumentado , ya que ahora también soy mamá a tiempo completo…y con master o estudios en hacer disfraces de fieltro, leer cuentos, enseñar a hacer el número 1-2 o 3…. O lo que se tercie!! Y creo que sin dejar de ser profesional!
    Otro punto de vista de mi profesión en la escuela!.
    Siento la acentuación y mala puntuación…pero las mamás lo entenderéis, escribir con una mano y un par de dedos desde un iPad y con el otro brazo tener cogido al peke. Un placer!

    • Gracias por tu comentario! Entender que ahora es tiempo de desarrollar otras habilidades es una buena forma de sacarle partido al asunto. Todo lo que aprenderemos de ellos y de nuestra maternidad no lo enseñan en ninguna universidad. Un abrazo enorme

  3. Hola, bueno me alegro por ti y por tu comentario. Es que la vida es eso así tal cual, madre y punto redondo en su momento, mujer antes y después y ante todo persona creciendo y madurando con todos los pros y contras de la misma vida. La sociedad solo nos impone lo que nosotros mismos nos dejemos imponer. La clave es vivir todos esos momentos intensamente y saber disfrutarlos saltando al la vez los baches. Yo no tuve una Charo. Que sigas teniendo un buen viaje.

DEJAR UN COMENTARIO