La incomprensión de la maternidad

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Escribo este post a las 2.30 am, cuando la incomprensión es total después de más de dos horas intentando calmar los dolores de muela del pequeño. Estas últimas muelas están haciendo estragos en el pobre que se pone nervioso, rabioso e incapaz de relajarse. Es por eso que, una mala colocación mía, unida a su nerviosismo provocan un leve mordisco en mi pezón, algo que Abraham hacía muchos meses que no hacía; algo que él sabe que está mal. No puedo evitarlo y grito de dolor, él sabe lo que ha pasado y rompe a llorar en su desesperación por decirme “lo siento”; pero el padre que duerme desde hace una hora y media pregunta ¿qué ha pasado? Y ante una respuesta dolorida que asegura la crudeza del mordisco el padre protesta “qué susto!”. No le culpo, mañana madruga, mucho, quiere descansar, dormía, pero es inevitable no reparar en…susto? En serio? Qué hay de aquello de…¿te duele?, ¿cómo te ayudo? ¿Se te pasa?

Resulta que sólo mi bebe de 23 meses entiende cuando mamá está realmente mal o dolorida.

Pero esto no es sólo cosa de los papás, es algo generalizado, la incomprensión hacia la maternidad se extiende como la nube gris de la contaminación madrileña y alcanza a todo aquel que se cruza contigo y opina; a todos aquellos que te juzgan por seguir estando más rellenita de lo que deberías a pesar de hacer ya casi dos años que pariste; a aquellos que te ven desaliñada y ojerosa y piensan que no te cuidas, los que no entienden cómo puedes haber relegado tanto tu empleo o piensan que lo haces porque te gusta ser mujer florero, aunque no entienden nada, que con lo fea que estás poco adornas.

No soy exagerada, esto está ahí, cada día. ¿Dónde están las personas que te rodean con un abrazo y te dicen, tranquila, estoy aquí? O que simplemente te escuchen, sin reproches, sin consejos.

Porque la maternidad la elegiste tú, el método de crianza, también; y parece que entonces ya ni siquiera puedes gritar, como el protagonista del cuadro de Munch que en medio de lo que parece un bonito paisaje está sólo, horrorizado, desfigurado, mientras la gente pasea cerca, nadie le ve; su grito es interno, sólo el cuadro recibe la vibración de un tono grave, de un llanto sin sonido. Un grito en el silencio del bullicio de una sociedad que impone las normas y si no las cumples te tacha de rara y te abandona en la incomprensión. Una sociedad que te repudia por tu decisión y se burla porque tú te lo has buscado.

La maternidad es, a día de hoy, todavía a día de hoy, el oficio más incomprendido, más infravalorado y más estigmatizado de todos.

Si, mañana esta madre y Punto Redondo se levantará sin apenas haber pegado ojo, otra vez, no le dará tiempo ni a secarse el pelo, ni mucho menos a pintarse la raya, porque su niño suplicará brazos, bastante aguantó si no lloró mientras estaba en la ducha…ésta madre no podrá tender, planchar, recoger y hacer la comida, podrá elegir sólo una de esas tareas. En serio, ¿vas a juzgarme por no ir a la moda o estar delgada o darlo todo en una empresa de prestigio?

Ahora, haz el favor, piensa en tu madre y por un momento imagina lo que pudo ser criarte. Termina de leer este post, compártelo, llama a tu madre y pregúntale “¿cómo estás?” Escucha la respuesta, sólo con eso, hoy, la habrás hecho feliz.

 

1 COMENTARIO

  1. Solo decirte Gracias.
    Gracias por explicar tan bien lo que mi mente no es capaz de expresar por tantas horas de sueño atrasado.
    Consuela saber que muchas madres nos sentimos así y decirlo no quiere significa que queramos menos a nuestro bebé.

    Mamá Nani

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