La comunicación no verbal con bebés 

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Lo primero que recuerdo de mi chiquitín al nacer es su mirada, si, el poco tiempo que me dejaron tenerlo sobre mi clavó sus ojos en los míos, fijamente, como si quisiera establecer una nueva conexión conmigo ahora que iban a separarnos físicamente. Al mirarle sentí sosiego y paz, era como la mirada de un adulto que parece pensar… “así que eras tu la que comías bambas de nata?” Después de eso cerró los ojos y ya no los abrió con claridad hasta los 15 días. He sabido que es una respuesta necesaria de los recién nacidos, es una mirada que existe para el reconocimiento mutuo, para que exista implicación, una presentación oficial que la madre naturaleza nos concede después de los dolores pasados. Una vez más demostrando que la naturaleza es sabia y maravillosa.

Cuando regresas a casa con tu bebé sólo te acompañan llantos, llantos desconsolados que no entiendes pero que crean en ti un estado de alarma perpetuo; creo que nunca en mi vida he sido capaz de mantenerme despierta tanto tiempo como en el post parto. Y entonces te enteras de que ese llanto provoca en ti ese terror porque la naturaleza lo ha decidido para mantenerte alerta para salvar a tu bebé ante cualquier contratiempo.

Con un par de meses eres capaz de diferenciar sus llantos, cuando tiene hambre, sueño, cólicos o cuando está incomodo…felicidades por que por fin tienes una comunicación consciente con tu hijo! Hasta aquí la naturaleza mantiene unos reflejos inconscientes para salvar a la criatura por encima de nuestras hormonas y nuestros puntos, ahora la naturaleza te tiene por esa gran madre que eres y te permite entablar una relación con tu bebé que no, nadie más la tiene, ni abuelas, ni tíos, ni enfermeras si quiera, porque ese llanto lo conoces sobre todo tú y ese es tu premio, disfrútalo, porque lo tienes más que merecido, las noches en vela, el desasosiego, el abandono total de tu físico, (depilaciones, lavados de rostro y maquillajes por lo general pasan a un octavo plano). Todo tiene su recompensa en ese momento en el que la gente se empeña en que tu hijo tiene hambre y puedes erguirte y decir, no, tiene dueño y en diez minutos niño dormido y sonrisa de satisfacción por que tenias razón.

A partir de aquí el universo de la comunicación se desata provocando emociones compartidas, te duele su dolor y tu dolor es sufrido por tu bebé, tu rostro refleja sentimientos que él, a diferencia de muchos humanos con los que compartes el día a día, ve y entiende. Así, nos encontramos a veces con situaciones en las que riéndonos a carcajadas observamos a nuestros pequeños dando palmas y agitando las piernas, balbuceando a gritos cuando estamos hablando o tristes cuando estamos preocupados. Ellos quieren compartir con nosotros la vida, así que no debemos excluirlos; si nos apetece llorar, lloremos y que nuestro bebé vea que mamá también sufre y lo comparte con ellos, por que las emociones son bonitas, siempre, porque implican complicidad y capacidad de entender a los demás y eso, mola.

Tengo la suerte de conocer el lenguaje de signos que usan las personas sordas, ya la he usado con algún sobrino y es realmente emocionante que un bebe que no sabe hablar diga en este idioma la palabra “tía”,  antes incluso que mamá o papá, (si, soy muy persistente). Así que desde hace un par de meses me he puesto manos a la obra para enseñar a mi hijo algo mas a parte de las palmitas o los cinco lobitos, usando todo lo que puedo este idioma cada vez que comemos, vamos a dormir, bebemos agua o tomamos teta. No me importa si la seña es aprendida o si la hace o llega a hacer en algún momento, porque lo que me importa es que en esos momento estoy de verdad hablando con mi hijo, el presta atención, sabe que le estoy diciendo algo y la union que eso crea entre ambos es todavía mejor, si cabe.

Es muy probable que cuando sea mayor, si no hemos seguido insistiendo se olvide de todo, como también lo es que me mande a la mierdecilla cuando le pida un beso en público y no por eso voy a dejar de dárselos ahora! Así que perdamos la vergüenza y a hablar con nuestros hijos, por que si, nos entienden y mucho mejor, incluso, que muchos adultos.

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