En el hospital

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post 1 madre y punto redondo

Debo decir que todos los que me conocen saben que los hospitales no son lugares precisamente agradables para mi, bueno, ni para nadie, pero para mi, que desde que tengo uso de razón me mareo sólo con que me hablen de sangre y sucedáneos, menos.

Aquella peripecia del parto tenía una meta, un sentido, ser madre, pero una vez con el hijo en brazos había que enfrentarse a los fantasmas: una vía en el reverso del codo, 12 puntos en la vagina de un grosor mayor al normal, pues finalmente el desgarro y la hemorragia fueron peores de lo que parecía, y una cuarentena abundante.

A todo esto hay que añadirle un bebé al que quieres darle el pecho pero se pasa el día dormido por los calmantes del parto; que a mi no me hicieron efecto, pero que al pobre le dejaron grogui por 10 días.

Y si el coctel parece escaso, ponle unas dosis de visitantes para conocer al primogénito y añádele unas gotitas de hormonas, eso si es un molotov, lo mires por donde lo mires, es incómodo y punto redondo.

En esos días tu mente y tu cuerpo luchan, y la verdad, cada uno por su lado y, a veces, entre ellos y contra sí.

Te mueves, te duele; que no, también. Ducharse se convierte en una necesidad que requiere de malabares que nadie te enseñó a hacer en las clases de preparto y te ves, desnuda, frente a tu marido, con un brazo inutilizado por la vía, que mal sitio excogieron para ponerla, queriendo levantar una pierna, pero no puedes, los puntos no dejan, así que te limitas a lo importante.

Pero lo peor viene después, cuando toca vestirse con esas bragas de papel que te recomendaron y esas compresas indas de algodón que te “obligan” a llevar para que no se infecten los puntos. Añade el camisón de abuela que te compraste, que por mucho que busqué no encontré nada fino ni elegante, pero que en la situación en que te ves, la verdad, te da igual!

Adoro esas madres que se llevan pinturas en el neceser para esa primera foto del Facebook….

Así pasan 48 horas, hasta que vienen a inspeccionar tu herida y te dicen que te dan el alta y al bebé también, porque todo eso te pasa por esa mini persona que está en esa cunita diminuta, ese pequeño extraño al que entre puntos, hemorragias, cuarentenas y vías, no te ha dado tiempo a mirar con la calidez y el amor que necesitabas. Sí, tú lo necesitabas, pero en un momento, no sabes cuando, el proceso se complicó y todo se te ha vuelto del revés, así que la maternidad comenzó con una espiral de sentimientos que no sabes describir hasta que pasan 7 meses y medio y te da por escribir un blog!

¿Alguna madre en la sala de esas de pinturas en neceser?, la envidia me corroe, cuéntame tu experiencia para que llore más amargamente!

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