El parto, ese thriller con final feliz…

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Cuando pasan las 40 semanas te parece que cualquier día te va mal para parir, hoy no que no tengo preparada la maleta, hoy no, que me tengo que depilar, hoy no que tengo la nevera llena…si, parece absurdo, pero buscar las excusas es cosa de hormonas.

Mi segunda visita a monitores cayó en jueves y nunca me quedó muy claro cuál fue la razón para provocarme el parto, tristemente, según escuché, tendría que haber vuelto a monitores el domingo y a ellas les venía un poco mal.

Así que la fiesta empezó a las 11 con un tampón de no sé qué para animar el proceso, lo que nadie me dijo es que aquello se hacia eterno y que lo normal era que no pariese hasta el día siguiente, sin nada de información y avisando a todo el mundo de las hemorragias repetidas en todas las hembras de mi familia, llegaron las 12 de la noche. Me pasé todo el día en un constante ir y venir de monitores a la planta, de la planta a monitores y llegada la noche me dejaron en mi habitación, hasta las 7 de la manaña, pero las contracciones se presentaron con nocturnidad y alevosía, como no podía ser de otra manera viniendo de algo tan doloroso.

Estuve retorciéndome en mi cama cada 5 minutos mientras en la tele veía “cuéntame” serie que jamás podré volver a ver porque aquel día me causaron un rechazo increíble…no hablemos de la mierda de programación de madrugada, entre brujas que leen cartas y canales de noticias, mi cuerpo luchaba y mi baby se preparaba para la vida.

A las 7 comienza la fiesta de la oxitocina y aquello acelera de manera descomunal, así que, después de tantas horas de dolor y siendo cada vez más intenso, decido que la evolución viene por algo e imploro la epidural; media hora mas tarde, después de 12 contracciones de muerte llega un señor con gafas a lo Mario Conde que ante el aviso de mi marido sobre la escoliosis que padezco, responde ” ya empezamos poniendo problemas!”, permitidme que me ría a día de hoy, como si la escoliosis estuviera ahí para joderle a él la vida en vez de a mi!

Dos pinchazos después, pues aquellas gafas no debían estar bien imantadas y se le caían constantemente, me avisa de que lo más seguro es que no me haga efecto y así fue, aquello no funcionó.

A las 12 de la mañana empecé a sentir que baby quería salir, el apretaba desde dentro y mi instinto me pedía empujar, pero a aquella matrona no le parecía que fuera el momento adecuado y me pedía que no lo hiciera, lo intenté, lo juro, pero la naturaleza sigue su curso, apretar era lo que necesitaba, después de esa constante sensación pido que me miren por que siento que está ahí, que ya viene, se negaron a auscultarme por tres veces, así que decidí gritar, como si se me fuera la vida, me miraron y me trasladaron al paritorio, efectivamente, estaba ahí.

En dos contracciones mi baby estaba fuera, dos. Dos empujones, la naturaleza había determinado que aquello llevaba demasiado tiempo esperando y no quiso que durara más, ni mi suelo pélvico es prodigioso, ni mi baby es Superman, la naturaleza si.

A todo el que me pregunta por el dolor le respondo lo mismo parir no duele, duele dilatar, el largo proceso, en mi caso provocado, si duele, si en el momento haces caso de tu cuerpo y sigues tu instinto no. A ver…que si, pero no tanto!

Con mi niño en el regazo empieza una maniobra eterna de hilos y agujas que, sin explicación, van y vienen por mi vagina, durante una hora nadie explica nada aunque ruego que se me informe, echan a mi marido del paritorio, me quitan a mi baby y cuando terminan,  solo informan de una complicación en sutura.

En el puerperio, con mi niño al pecho comienzo a notar que sigo sangrando, mucho, sin cesar, y después de llamar varias veces, viene una enfermera con cara de protesta, las matronas están comiendo, debo esperar, pero alguien recuerda mi aviso de hemorragia y acude y vuelven a introducirme en el paritorio, sin mi niño, sin mi marido, sin explicación.

Dos horas y media más, dos horas y media de hilos, de agujas, dos horas y media de dolor sin epidural, sin explicaciones.

Alguien tiene piedad y avisa al anestesista y otro hombre, más joven, más amable, me pregunta por qué no tengo epidural, mi escoliosis no parece ser una respuesta convincente pero decide ir por el camino fácil, me avisa de que me voy a marear, y me pone una mascarilla…todo se hace más fácil, todo parece mejor…

De nuevo en la sala de puerperio, veo a mi marido, mi bebé en una cuna no llora, solo observa, nos miramos a través de ese cristal que tienen esas cunas, nos reconocimos, y me dormí, durante una hora, hasta que me despertaron para auscultarme de nuevo.

A las 17,30 me suben a planta con mi niño en brazos, por fin arropo su calor.

Cuando la experiencia de convertirte en madre se convierte en trauma, todo se hace un poco más complicado. Por muchos puntos redondos que añada a mi historia ésta siempre será dolorosa, siempre un mal recuerdo. Un thriller de los malos, de los de seri B, con más sangre de la necesaria, con unos malos malísimos, pero con un final de peli de Disney, con mi baby en brazos.

Siento el post, pero ojalá alguien me hubiera contando que esto podía ser así, ojalá a mi me hubieran dicho que hay profesionales que no lo son a pesar del color de sus batas, ojalá alguien me hubiera contando que hay hospitales donde los pacientes no son lo primero, donde no se respetan las necesidades de los bebes, donde no se informa a los familiares ni dejan que te acompañe el papá. Ojalá hubiera leído este post antes de parir. No habría cambiado nada de lo que aconteció, solo mi manera de vivirlo.

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