El conflicto de intereses

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Soy madre lactante de un niño de 2 años y 8 meses; y ahora lo pienso y me parece mentira haber llegado hasta aquí y hasta donde sea, cuando sea.
Si reviso mi lactancia me doy cuenta de que mi mayor dificultad no fueron las grietas, la desinformación, ni las perlas. Mi mayor dificultad fue el “conflicto de intereses” si; mi conflicto, interior, mi lucha.
Porque desde que la mujer se incorporó a la vida laboral, fruto de una búsqueda de derechos que no teníamos, se confundió igualdad con equidad y ahora se da por entendido que son lo mismo, pero no; yo no quiero ser igual que ningún hombre; soy diferente; y ahora lo sé.
Crecí con la idea de que para triunfar en la vida hacía falta una carrera, un Master y un idioma; por si acaso me saqué dos de cada para estar preparada para lo que viniera. Pero nadie me preparó para coger en mis brazos a una criatura de casi 4 kilos con los ojos abiertos que miraba pidiendo…TODO.
Tras unos primeros días pegandome con la lactancia encontré este taller en el que me trataron como una mujer, con todo lo que eso implica; me pasé los primeros meses buscando un instinto que perdí en algún lugar de un paritorio inhóspito en el que me decían cuando tenía que empujar y cuando encontré el instinto, al fin, mis grietas se habían curado, mi perla y todo parecía bajo control; me encontré con la dificultad de ejercer mi profesión como aparejadora autónoma. Nadie me lo impidió, pero nunca me sentí capaz de llevar a mi hijo a la guardería para quedarme yo trabajando para otro en una espiral de ganar dinero para gastarlo en que otro cuide de mi hijo…
Pero mis años de estudios y profesión pesaban, con intensidad. He porteado a mi hijo mientras trabajaba fuera de casa, le he amamantado sentada en un ordenador. Pero ahí estaba mi lucha, latente; entre ser madre, lactante y mujer del siglo XXI.
Las imposiciones sociales unidas a la falta de políticas sociales, mala profesionalización de los equipos sanitarios de atención a las madres y a los niños hacen que, a día de hoy, lactar sea la opción menos elegida entre la mayoría de las madres; es curioso que Fuensalida sea el único lugar de España en el que las cifras son diferentes…no, no es que las fuensalidanas tengáis un gen productor de leche que haya pasado generación tras generación. Es que en fuensalida se avanza, ¿como? Hace 20 años que existe este taller, 20 años de información y formación a madres que criaron a sus hijos a La Luz del día, en las calles, en sus trabajos, en sus casas y guarderías. Entre esos hijos, muy pronto, habrá madres que han crecido viendo eso, vuestros políticos oriundos han crecido con ello, vuestros empresarios, tal vez, también fueron amamantados. Vuestra sociedad, vuestro pueblo, avanzó de la mano. Y eso que aún hay mucho por hacer.
Una partida de ajedrez no se gana con los peones, se gana con los caballos, los alfiles, las torres, la reina.
Si solo comprometemos a las madres al cambio social no lograremos nada, tampoco logramos nada sólo con la voluntad de los sanitarios; se necesita más implicación política; más atención que no ayudas, aunque también, se necesita avanzar.
Mi conflicto de interés se revuelve algunas veces; pero gracias a este taller tuve la posibilidad de decidir lo que elegía. Elegir no es racional, decidir lo que eliges si. Si le ofrezco a mi perro un plato de judias verdes y una salchicha elegirá la salchicha; pero si mi perro supiera comprender los valores nutricionales de ambos, seguro, escogería las judias.
Yo quiero que todas las madres del siglo XXI decidan libremente, como alimentar a sus hijos y para eso hace falta información, formación, conciliación y aceptación.
Información por parte de los sanitarios; formación de los mismos para que nos formen a las mamás. Conciliación de nuestras vidas laborales y aceptación por parte de la sociedad.
Yo decidí elegir la lactancia materna. Durante mucho tiempo pensaba que renunciaba a mi vida profesional, a mi vida social por querer vivir en apego con mi hijo, a mi físico…rompamos esos clichés, ayudemos a nuestras hijas e hijos a ser libres, a vivir en equidad, a que sepan valorar las cosas importantes.
No debe haber conflicto entre las madres lactantes y las de biberón siempre que todas hayamos decidido lo que elegimos para nuestros hijos.
Por mi parte, puedo decir, y lo digo sin miedo, que me lancé a la maternidad con la idea que hoy en día se impone en la sociedad. Ser madre es un regalo que se envuelve en una casa de tres dormitorios, trastero, garaje y psicina, se adorna con un lazo Rosa o azul, según el sexo del hijo y la lactancia se practica en una habitación contigua con mecedora y cuna con móvil y música de nana…
La lactancia ha sido mi salvadora, en todos los sentidos, porque me ha enseñado que ser madre es mucho más que una imagen al exterior, es todo un mundo de sensaciones interiores, de te quieros a escondidas, de abrazos sinceros, de juegos a deshoras, de mimos, de caricias, de besos con babas, de vida!
Una vez más gracias por todo lo que hicisteis por mi y por mi familia.

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