Ecografías, todo un mundo en tu útero

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Resulta que en esas manchas blancas sobre ese fondo negro las cosas tienen sentido. Yo soy de las que cuando son auscultadas miran la cara del médico en busca de cara de preocupación, del tipo…😨, sin embargo, el día que fuimos a la eco de la semana 8, no podía dejar de mirar la pantalla.

En la seguridad social nadie te vigila ahí dentro hasta que no estás ya de 12 semanas, que según ellos si los bebes tuviesen que verse mientras se fabrican nuestras barrigas serían transparentes. Pero yo, por aquel entonces, no confiaba tanto en la evolución de la especie y si mucho en la tecnología, craso error, pues la naturaleza, una vez llegó la maternidad me ha enseñado mucho acerca del instinto, pero en aquellos momentos, no, así que, como teníamos las dos vías, lo privado y lo público, decidimos seguir por ambas, aunque la pública era mi elección para dar a luz.

Así, en la eco 8 el médico nos dijo que escucharíamos el corazón del baby y a mi me faltó ir con trompetilla para oírlo bien y resulta que en aquella pantalla de plasma gigante se veía esa cosa chiquinaja que era todo corazón y latía a una velocidad que de inicio me pareció que estaba infartando.

A partir de ahí el mundo de las ecografías se abre a tus pies y cuentas la vida por semanas y tu embarazo se normaliza por ecos.

La de las 12, las 20, las 32 y a las 40 monitores, eso es lo que obtienes de la sanidad pública; lo cierto es que si no necesitas más, ¿para qué? Pero una embarazada del S XXI siempre necesita más, así que terminas haciéndote la de las 12, 2 veces, la de las 16,  la de las 20, dos veces, la de las 24, las 30, las 32… Si, cansado, intenso, como todo tu embarazo, pero con tanta ilusión, sales del gine con las fotos de tu baby; de su cara, de su columna, de sus partes…

El trato en un sitio y en otro difiere de manera directamente proporcional al precio del seguro privado que contrataste, aunque he de decir que el mío era barato y me trataban de maravilla en comparación. Eso, o que en la seguridad social no se sentían lo suficientemente valorados, por que salvó la de la eco 12, que fue amable y considerada, la de las 20 no abrió la boca, sólo lo hizo para decir, “es un varón”.

Lo que es evidente es que hay todo un universo ahí dentro, del que nosotras no conocemos nada, y cuando vemos esa lenteja convertirse en filete, después en renacuajo y por último en bebe, alucinas.

Aunque el verdadero alucine es cuando lo coges en brazos por primera vez y piensas; “¿y todo esto me cabía ahí dentro?”.

Estoy deseando leer vuestras opiniones y anécdotas de vuestras ecos! Si te gusta, comentas y, por favor, ¡comparte!

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