En busca del globo perdido

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globo perdido madre y punto redondo

Todo por un globo perdido…Debo decir que ayer fue uno de esos días en los que una se levanta “no creyente”; no creyente en las leyes, no creyente en la sociedad, no creyente en la gente.
¿Que cómo se sabe? Pues la mala leche innata lo delata, pero a parte, es como si tuvieras unas ganas irremediables de gritarle al mundo…y si lo hiciera ¿qué diría?
BAAAAAASTAAAAAA!!
En fin! La cúspide fue cuando en el paseo de la tarde, en un parque muy transitado de un pueblo madrileño mi hijo soltó su globo y el aire se lo llevo; no era un globo de helio, era un globo de los normales, de los hinchados a pulmón.
Con el niño andando y el carro en medio del parque, no había apaño suficiente con mis únicos dos brazos, para correr de forma segura a por el pequeño globo amarillo…
Así que, con Abraham en brazos trato de correr hasta él, pero el carro no permite velocidad campo a través y el globo cada vez se aleja más de mi alcance.
Un hombre mayor observa la situación desde un banco, tal vez sea demasiado mayor para ayudarme…una chica joven pasa al lado del globo, andando hacia mi, pero parece no haberlo visto. Un perro corre a por él, pero la correa extensible de su amo de pronto se tensa por completo y el globo se salva de sus garras.
Abraham y yo hablamos del globo, él lo señala y dice “blobo”, yo le calmo mientras semicorro y digo “el globo”, “corre que se escapa”, “globo esperanos” y un sin fin de gilipolleces para tranquilizar y desdramatizar la perdida…
Pero el globo se perdió, se perdió entre la gente, entre los ancianos, los jóvenes e incluso los niños del parque, el globo se perdió entre mis gritos y los de mi bebé, que no se cansaba de llamarlo, el globo se perdió…
Tal vez se fue triste, agotado de planear por un mundo donde la gente no lo ve, donde nadie tiene un segundo para alcanzarlo y dárselo a un niño que llora su pérdida, cansado de un mundo donde se habla de bondad, de valores y justicia, pero nadie tiene tiempo de parar a por un globo.
Al llegar a casa hinchamos otro, del mismo color, Abraham sonrío y a mi me dió tristeza por pensar en aquel otro globo amarillo…

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